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En el lado derecho de su abdomen está grabado el retrato de una niña. Es su hija Kerlly Yépez, de 9 años. En el costado izquierdo, el rostro de una mujer de 65 años. Es su madre. Fabricio Yépez es tatuador e inmortalizó los rostros de sus seres queridos en su cuerpo.

Sobre su piel hay 30 tatuajes o ‘tattoos’, como él los llama. Algunos son de su autoría y otros, de sus colegas. Los retratos están muy definidos y se asemejan a los dibujos que hacen los artistas en hojas de papel bond, en los parques y en los centros comerciales.

En su estudio, Karla Tattoo, ubicado en las calles Jorge Washington y Juan León Mera (La Mariscal), atiende a diario a un promedio de cinco personas.

El pasado domingo, Fabricio López llegó en busca de asesoría para tatuarse en toda su espalda el rostro de quien lo acompañaba y corría sin parar por el local: su hijo Justin, de 3 años.

En una pantalla plana, ubicada en la entrada del local, Mónica Noa le mostraba varios diseños de rostros y letras. Una vez que el cliente escoge su preferido, el tatuador hace una cotización. El que quería López costaba USD 150. La propuesta fue realizarlo en tres sesiones, no más de tres horas por cada encuentro.

Es difícil establecer una fecha exacta en la que se haya instaurado la práctica de los tatuajes en la ciudad. Paco Andrade, de 39 años, es tatuador desde 1996. En ese año montó su propio estudio Tattoo Quito, en el sur.

Él relaciona a los tatuajes con la búsqueda de la identidad de sus clientes. Las personas que llegan hasta el local 21 del Centro Comercial Atahualpa lo hacen en busca de un diseño único, que no haya en revistas y que no se repita. Eso les garantiza Andrade.

Los estilos que oferta a los clientes son ‘tattoos’ andinos, precolombinos y preincaicos. Una nueva tendencia en este arte.

Carlos Arroyo escogió una imagen inca, rodeada por los nombres de su madre, su esposa y su hija. Esta tendencia ha tomado fuerza desde hace cinco años. “Cuando les contaba mis ideas, las personas me decían ¿cómo te vas a tatuar el logo del Banco Central?, que feo”, recuerda sonriendo Paco. Así lo llaman sus amigos.

En Quito no hay una asociación de tatuadores, pero ellos se conocen entre sí. En la ciudad se han organizado cinco convenciones. Las tres últimas fueron impulsadas por Freddy Badillo, del estudio Cray Baby Tattoo, conjuntamente con Ritual Tattoo.

En el sector de La Mariscal, desde la avenida Patria hasta La Colón, hay 15 locales donde se realizan tatuajes. En la Juan León Mera, entre Veintimilla y Carrión, está el estudio Ink Addiction. Los diseños de Fernando Puedmag, ecuatoriano, se exhiben en las paredes del alumbrado local. Ahí trabajan cinco tatuadores bajo su asesoría.

En la parte posterior hay una camilla, muy parecida a la de un hospital. Ahí permanecía acostada, el pasado lunes, la suiza Flavia Bosshard. Hace un mes llegó al país de gira turística.

Su español no es bueno y para indicarle al tatuador el trabajo que quería en su abdomen, tuvo que ayudarse de Tina Legris, una canadiense que vive en Quito desde el 2007. Ella, desde hace unos dos años conoció a Ruedmág y decidieron montar el estudio donde se atiende solo con cita previa. Él se dedica al arte de los tatuajes desde el 2000.

En su estudio no hay una compilación de imágenes. La razón, cada diseño es único para cada cliente. “No hago dos diseños iguales, porque las personas somos diferentes. Cada uno tiene su particularidad y un tatuaje viene a ser parte de ti, de tu historia e identidad”, asegura.

Mientras dibuja el perfil de una mariposa en el vientre de su cliente, cuenta que el trabajo final es una imagen realista. “ Son dos mariposas: una pequeña en la que priman los colores rojo, anaranjado y negro; y la otra, la más grande, es de color turquesa con sombra”.

A este trabajo se lo considera 3D, es decir las imágenes plasmadas en la piel expresan profundidad y se apegan a la realidad.

En el negocio del tatuaje también hay artistas que trabajan en sus casas y a domicilio. Sebastián Manríquez, de Chocobink Tattoo, es uno de ellos. Él y otros nueve colegas coinciden en que la actividad tiene demanda en la capital. Las tintas, la principal materia prima, no se fabrican en el país y son importadas de EE.UU, Brasil y Perú, principalmente.

Luego de 10 minutos de diálogo entre el tatuador Yépez y su cliente Fabricio López, acordaron la primera cita para hoy. El segundo tendrá que llevar una foto de su hijo, para retratarlo en su cuerpo.

Otros lugares

Triom Tattoo.  Guillermo Barros empezó su  carrera en el estudio Art Tattoo,  hace 10 años. Su estilo es el diseño clásico (realismo y el naturalismo). Está ubicado en la Amazonas y Colón.     

Cry Baby.   Freddy Badillo ha organizado las tres últimas convenciones de tatuadores de la ciudad.  Trabaja en su local,  en la planta baja del Centro Comercial El Recreo, en el sur.  

Tattoo Quito.  Paco Andrade trabaja desde 1996.  Sus estudios están   ubicados en el local 21 del Centro Comercial Atahualpa y en el  nivel 2 del Quicentro Shopping del sur.  Sus diseños son de estilo precolombino, preincaico y andino (foto). Para profundizar sus diseños se asesoró con escritores, historiadores y    arqueólogos, principalmente.

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